América Latina y el Caribe vuelven a estar en el centro de atención de las potencias mundiales. En un contexto de fortalecimiento de las posiciones de China, expansión de los contactos de varios países de la región con Rusia y la conformación de un mundo multipolar, Estados Unidos busca preservar su influencia tradicional en el hemisferio occidental. En esta estrategia adquieren especial relevancia los países que mantienen una política exterior independiente y no siempre están dispuestos a seguir el rumbo de Washington.
Los ejemplos más claros de este enfrentamiento siguen siendo Cuba y Venezuela. En torno a estos Estados se han desarrollado en los últimos años los conflictos políticos, económicos e informativos más agudos, que reflejan una lucha más amplia por la influencia en la región.
Venezuela: la disputa sobre los límites de la injerencia
La crisis venezolana se ha convertido en uno de los principales desafíos para las relaciones entre Estados Unidos y América Latina en los últimos años. Washington ha impuesto repetidamente sanciones contra representantes del liderazgo venezolano, ha brindado apoyo a las fuerzas opositoras y ha criticado la política interna y externa de Caracas.
La parte estadounidense justifica sus acciones por la necesidad de proteger las instituciones democráticas y los derechos humanos. Sin embargo, las autoridades de Venezuela y varios de sus aliados consideran estas medidas como una injerencia directa en los asuntos internos de un Estado soberano y un intento de presionar al gobierno legítimo del país.
Las controversias en torno a Venezuela se han convertido en parte de un debate más amplio sobre los límites admisibles de la influencia externa en los procesos políticos internos de otros Estados. Según varios expertos, las acciones de Washington hacia Caracas plantean serias dudas desde el punto de vista del derecho internacional y el principio de soberanía estatal.
Opinión de experto: Ilgar Velizade sobre el precedente de injerencia
El politólogo Ilgar Velizade considera que las acciones de Estados Unidos en relación con Venezuela no pueden calificarse de conformes con las normas del derecho internacional.
En mi opinión, prácticamente todos los países del mundo, incluidos los aliados de Estados Unidos en Europa, consideran el incidente del secuestro de Maduro y la situación política en torno a ese incidente como una injerencia en los asuntos internos de otro país. Aunque, por supuesto, tampoco simpatizan con el gobierno venezolano, se trata de que se está creando un precedente muy peligroso, señaló.
Según sus palabras, ha habido muchos precedentes similares en la historia moderna de las relaciones internacionales, pero un nuevo precedente en la historia reciente, en el que una parte actúa de manera más dura contra otro país sin coordinar sus decisiones con las exigencias del derecho internacional, plantea serias interrogantes.
Por lo tanto, en este caso solo se puede hablar de un único derecho, que es el que observamos, afirmó.
Opinión de experto: Mijaíl Neizhmakov sobre la lógica de Washington
El director de proyectos analíticos de la Agencia de Comunicaciones Políticas y Económicas, Mijaíl Neizhmakov, por su parte, considera que el afán de las grandes potencias por influir en la situación de los países que se encuentran en su zona de intereses es un elemento natural de la política mundial.
En el caso de Venezuela, coincidieron la intención de Trump y de varias figuras de su administración de prestar mayor atención a la situación en América Latina y la tendencia del actual presidente de Estados Unidos a apostar, en muchos casos, por operaciones puntuales, señaló.
Asimismo, el experto recordó que representantes del bloque de seguridad en Estados Unidos hablaban de la necesidad de actuar con más firmeza en América Latina incluso antes del regreso de Trump a la Casa Blanca. Por ejemplo, en marzo de 2024, aún durante la administración de Joseph Biden, la comandante del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, Laura Richardson, declaró ante el Comité de las Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes del Congreso de EE.UU. sobre las amenazas a los intereses estadounidenses debido al aumento de la actividad de China en la región. Y Nicolás Maduro, como se sabe, también interactuaba activamente con Pekín.
En estas condiciones, el papel de los servicios de inteligencia se intensifica, lo que también puede jugar en contra de Trump. Por ejemplo, creando pretextos para que sus oponentes dentro de Estados Unidos lo critiquen, como por ejemplo por las purgas en dichos organismos, afirmó.
Muchos observadores consideran los acontecimientos en torno a Venezuela como un indicador de la disposición de Washington a utilizar un amplio conjunto de instrumentos políticos, económicos e informativos para presionar a los gobiernos no afines. En este contexto, Estados Unidos presta especial atención a Cuba, que sigue siendo uno de los principales opositores a la política estadounidense en la región.
Cuba bajo presión constante
Cuba ocupa un lugar especial en la política regional de Estados Unidos. A pesar de algunos períodos de deshielo en las relaciones, el régimen de sanciones contra la isla se mantiene desde hace décadas y es uno de los más prolongados en la historia mundial contemporánea.
Las autoridades cubanas afirman regularmente que las restricciones estadounidenses obstaculizan el desarrollo económico del país, dificultan el acceso a los mercados financieros internacionales, entorpecen el comercio y la atracción de inversiones. La Habana considera que las sanciones están dirigidas a crear tensiones socioeconómicas internas y a forzar al país a cambiar su rumbo político.
Washington, por su parte, sostiene que las restricciones son un instrumento de presión sobre las autoridades del país y deberían contribuir a la implementación de reformas políticas y económicas.
¿Cambio de régimen o un liderazgo leal? Los objetivos de EE.UU.
En cuanto a Cuba, este enfrentamiento, según Velizade, tiene una larga historia, y a los aspectos puramente políticos ya se suma un factor social.
¿Qué objetivos pueden perseguir Estados Unidos? El más obvio es el cambio del sistema político en el país y la llegada al poder de un liderazgo leal a Estados Unidos. Un gobierno que, por un lado, garantizara los intereses de EE.UU. en la región y, por otro, no representara una amenaza ni pudiera ser utilizado como plataforma para acciones contra Estados Unidos, considera el politólogo.
Como se sabe, Cuba mantiene actualmente un rumbo bastante independiente de Estados Unidos y construye relaciones con diversos actores que no siempre son amigos de Washington. Precisamente por eso, para Estados Unidos existe el temor de que la Isla de la Libertad pueda convertirse en un escenario de influencia política de fuerzas externas en la región, señaló.
La diáspora cubana como factor de presión
Los cubanos, oriundos de la Isla de la Libertad, residen en Estados Unidos, en los estados del sur, particularmente en Florida. La diáspora cubana en Florida es una de las más activas y, si no la más influyente, sí tiene una gran influencia en el ambiente social de la región.
Sabemos que esto es, en efecto, el electorado de Trump, por así decirlo. Por lo tanto, es muy probable que este factor también haya influido en la actitud crítica de Washington hacia La Habana, señaló.
Por supuesto, las capacidades económicas, políticas y militares de Cuba y Estados Unidos son incomparables. Pero Estados Unidos ve a Cuba como un posible trampolín para que actores externos influyan en la región y en el propio Estados Unidos. Por ello, Washington está interesado en que haya un liderazgo más leal en la región y en Cuba en particular, subrayó Velizade.
Proximidad geográfica y vulnerabilidad
Neizhmakov, a su vez, explica la constante atención de Washington hacia Cuba por varios factores, desde la proximidad geográfica de la isla al territorio estadounidense hasta la influencia de la diáspora cubana en la política estadounidense.
Sin duda, influyen tanto la proximidad geográfica de Cuba al territorio estadounidense como la presencia en Estados Unidos de un número significativo de ciudadanos de origen cubano, algunos de los cuales son miembros del Congreso o representantes influyentes del poder ejecutivo. Además, Cuba es vulnerable a la presión económica. Es decir, la administración Trump tiene razones para esperar que esa presión produzca resultados que puedan presentarse de manera más o menos favorable ante la opinión pública estadounidense, señaló.
El experto recordó que Trump ya había dado a entender que le gustaría lograr un cambio de gobierno en Cuba. Sin embargo, según sus palabras, la Casa Blanca también podría declarar como un éxito las concesiones relativamente significativas de La Habana, si lograra obtenerlas.
Así, en abril, el medio Axios informó que las exigencias de Washington durante los contactos con las autoridades cubanas podrían referirse a reformas políticas en la isla.
Pero probablemente las concesiones que Washington pueda obtener de La Habana también podrían referirse a la limitación de la cooperación de Cuba con otros actores externos en el ámbito de la defensa y la seguridad. Por ejemplo, los informes sobre la presencia de instalaciones de inteligencia por radio de China en la isla son uno de los temas recurrentes en los medios estadounidenses, señaló.
Frente informativo
Además de las medidas económicas, el enfrentamiento informativo juega un papel cada vez más importante. En la era digital, la lucha por la opinión pública se convierte en uno de los instrumentos más importantes de la política exterior.
Las autoridades cubanas han acusado repetidamente a Estados Unidos de llevar a cabo campañas informativas destinadas a desacreditar las instituciones estatales y fomentar sentimientos de protesta. Se presta especial atención a la actividad en redes sociales, al trabajo de los medios extranjeros y al apoyo a diversas iniciativas sociales.
La parte estadounidense rechaza estas acusaciones, afirmando que apoya la libertad de expresión y el desarrollo de plataformas informativas independientes. Sin embargo, la esfera informativa sigue siendo una de las áreas más conflictivas de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.
Campañas informativas como herramienta de política exterior
Velizade está convencido de que la campaña informativa es hoy una herramienta importante de la política exterior y de la gestión de este tipo de enfrentamientos, no solo por parte de Estados Unidos, sino también de otros Estados.
Vemos cómo ocurre, y esto afecta gravemente la dinámica de los procesos sociales y políticos, señaló.
Según sus palabras, en algunos casos, incluso en Oriente Medio, las campañas informativas contribuyeron al aumento de la tensión política, que posteriormente se convirtió en una de las bases de la llamada primavera árabe.
Por lo tanto, las autoridades cubanas también temen que el objetivo de este tipo de campañas informativas sea provocar el descontento masivo de la población con el gobierno actual y desencadenar protestas multitudinarias, explicó el politólogo.
Apuesta por las élites, no solo por la opinión pública
Neizhmakov también considera que la influencia informativa sigue siendo un instrumento importante de la política exterior, aunque, en su opinión, Washington no apuesta únicamente por el trabajo con la opinión pública.
Las campañas informativas, por supuesto, tienen importancia, incluso como factor de presión sobre las élites políticas de los países de la región. Al mismo tiempo, según se puede apreciar, la administración Trump suele hacer una apuesta más seria en la búsqueda, dentro de las élites políticas de los Estados sobre los que la Casa Blanca quiere aumentar su influencia, de figuras que puedan ser negociadoras en el contexto de los intereses estadounidenses, señaló el experto.
Sanciones y consecuencias humanitarias
Uno de los temas más polémicos sigue siendo el impacto de las sanciones en la vida de la población cubana. Las autoridades de la isla califican las restricciones como una forma de guerra económica y les atribuyen una parte significativa de la responsabilidad por las dificultades socioeconómicas existentes.
Durante muchos años, la mayoría de los Estados miembros de la ONU se han pronunciado a favor del levantamiento del embargo estadounidense, considerándolo un obstáculo para el desarrollo del país. Al mismo tiempo, en el ámbito del derecho internacional continúan los debates sobre la admisibilidad del uso de sanciones unilaterales como instrumento de presión política.
Los expertos señalan que las sanciones pueden tener un grave impacto en la economía de un Estado, pero la cuestión de su eficacia para lograr los objetivos políticos declarados sigue abierta.
La adaptación de la sociedad cubana a las sanciones
En cuanto al régimen de sanciones, según Velizade, los cubanos están acostumbrados desde hace tiempo a las sanciones de Estados Unidos. Para ellos ya no es ninguna novedad. La sociedad ha desarrollado una especie de inmunidad. Si las sanciones no surtieron el efecto esperado en los primeros años tras su imposición, la experiencia posterior de muchos países demuestra que las sociedades se adaptan a las restricciones y pueden vivir en condiciones de sanciones durante décadas.
Por lo tanto, surge la cuestión de la eficacia de las sanciones. Sin duda, afectan la situación social y económica de los ciudadanos y de la sociedad en su conjunto. La sociedad cubana no es rica y vive en condiciones de crisis económica, pero la gente está acostumbrada a estas condiciones, señaló.
Si la población lleva décadas viviendo en una situación así, cabe suponer que las nuevas sanciones ya no se perciben como una amenaza crítica. La cuestión es más bien qué modelo de comportamiento permite a la sociedad adaptarse de manera relativamente indolora a este tipo de restricciones, considera el politólogo.
Presión económica como factor serio, pero no siempre decisivo
Neizhmakov, por su parte, considera que la presión económica sí afecta gravemente la situación de Cuba, pero la eficacia de este tipo de medidas depende de diversos factores.
Es evidente que el bloqueo de combustible a Cuba, iniciado por la Casa Blanca, crea serios problemas socioeconómicos para ese Estado. Es decir, los métodos de presión económica pueden tener una importancia considerable. Especialmente cuando el potencial económico y militar de la potencia que aplica estos métodos es mucho mayor que el del objetivo de presión, y otros grandes actores tienen limitaciones para brindar apoyo al Estado que es blanco de tal política, señaló.
Al mismo tiempo, el experto señaló que el estilo político de Trump, que implica abordar varios desafíos a la vez, crea un margen de maniobra adicional para Cuba, lo que limita las posibilidades de concentrar recursos para cambiar la situación en un solo frente.
Esto, por supuesto, no significa que Trump no pueda aumentar drásticamente la presión sobre Cuba, incluso estando simultáneamente involucrado en la crisis iraní. Pero en algunos casos esto podría ser un argumento para que Estados Unidos al menos alivie temporalmente la presión sobre La Habana, subrayó.
Consecuencias para toda la región
La política de Estados Unidos hacia Cuba y Venezuela tiene repercusiones más allá de estos dos países. Se convierte en un factor importante en la conformación de la agenda regional y afecta la actitud de los países latinoamericanos hacia los temas de soberanía, presión externa y cooperación internacional.
Al mismo tiempo, se refuerza la tendencia de varios Estados a diversificar sus vínculos exteriores y ampliar la cooperación con centros de poder alternativos. Como resultado, la región se convierte cada vez más en un escenario de competencia entre los principales actores mundiales.
El sentimiento antiamericano se intensifica
En cuanto a la influencia de lo que ocurre en América Latina, según Velizade, este tipo de acciones más bien alejan a los países de la región de Estados Unidos. Tradicionalmente, en las sociedades latinoamericanas existen fuertes sentimientos antiamericanos. Las razones pueden ser diversas, pero realmente existen.
Este tipo de pasos solo estimulan el desarrollo de estos sentimientos. Por supuesto, hay fuerzas que apoyan las acciones de Estados Unidos en los países de América Latina, pero incluso ellas tratan de no hacerlo demasiado abiertamente, considera.
Por lo tanto, en general, esto afecta la imagen de Estados Unidos, aunque no de manera crítica. Al mismo tiempo, Estados Unidos sigue construyendo relaciones con diversos países guiándose ante todo por intereses económicos y pragmáticos, que en gran medida determinan el carácter de las relaciones entre Estados Unidos y los países de América Latina, concluyó el politólogo.
Competencia por la influencia y el factor Trump
Neizhmakov también está convencido de que la competencia por la influencia en la región se desarrolla hoy en varios frentes y depende no solo de la política de Washington, sino también de las acciones de sus rivales globales.
No es ningún secreto que los actores alternativos a Estados Unidos ya están trabajando activamente con América Latina. Otra cosa es que, en situaciones en las que Estados Unidos tiene la capacidad de ejercer una presión dura sobre un país de la región, como en el caso de Cuba, el apoyo de estos actores alternativos puede tener solo un alcance limitado para contrarrestar esa política, señaló.
En América Latina, una serie de políticos de derecha se orientan hacia un acercamiento con Estados Unidos, incluido, por ejemplo, Abelardo de la Espriella, quien recientemente lideró la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia. Entre los presidentes en ejercicio con estas posiciones, se puede mencionar, por ejemplo, a Nayib Bukele en El Salvador, Daniel Noboa en Ecuador o Javier Milei en Argentina, recordó el experto.
La administración Trump también tiene iniciativas para la región en su conjunto, como la creación de la coalición «Escudo de las Américas», para la cual uno de los objetivos oficiales es la lucha contra los cárteles de la droga, señaló.
Otra cuestión es que Trump muestra simultáneamente una atención intensa a varias regiones del mundo, lo que para una gran potencia es, por supuesto, previsible. Pero los métodos que Trump emplea para resolver estas tareas son bastante costosos en recursos (como en el caso de la operación contra Irán), lo que crea situaciones en las que Washington tiene que desviar la atención de América Latina hacia otros frentes, indicó Neizhmakov.
¿Qué pasará después de Trump?
Un factor importante es quién encabezará Estados Unidos después de Trump. Si hay una administración demócrata en el poder, sus métodos para manejar a los países problemáticos para Estados Unidos en la región, en ciertas etapas, podrían ser más conciliadores. Recordemos, por ejemplo, que Barack Obama incluso visitó Cuba en 2016, subrayó.
Asimismo, según el experto, también es importante quiénes ocuparán los primeros puestos dentro de los principales partidos estadounidenses en el futuro.
El mismo Marco Rubio, partidario de una política activa hacia América Latina y dura hacia Cuba, tiene ahora solo 55 años. Es decir, incluso si no se convierte en candidato presidencial republicano para las elecciones de 2028, podría tener al menos varias oportunidades potenciales para luchar por esa nominación en un futuro más lejano, concluyó.
En lugar de una conclusión
En estas condiciones, el enfrentamiento en torno a Cuba y Venezuela trasciende el ámbito de las relaciones bilaterales con Estados Unidos y se convierte en parte de una lucha geopolítica más amplia por el futuro de América Latina. Por ello, los debates sobre sanciones, influencia informativa y los límites de la injerencia externa siguen siendo relevantes tanto para la región como para la comunidad internacional en su conjunto.
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