Chile entre la furia de la naturaleza y las reformas económicas

Santiago, 22 de julio de 2026. Este día quedará grabado en la historia de Chile como una jornada de cruel contraste. Mientras el norte del país se ahogaba en barro y lágrimas tras un devastador temporal que cobró la vida de 13 personas, a cientos de kilómetros al sur, en los salones del Congreso, los diputados votaban con frialdad el futuro de la economía nacional. El país, al mismo tiempo, enterraba a sus muertos y sentaba las bases de un nuevo rumbo económico.

«Una de las peores catástrofes climáticas de las últimas décadas»

La semana de lluvias torrenciales que azotó a Chile se convirtió en una verdadera tragedia. Según datos del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred), al 22 de julio las víctimas fatales ascendían a 13 personas, otras cuatro permanecían desaparecidas y 17 resultaron heridas.

Tenemos 13 fallecidos y 7 desaparecidos,

declaró a la prensa la directora de Senapred, Alicia Cebrián, confirmando así el mayor número de muertes por desastres naturales en Chile en los últimos años.

Las regiones más afectadas fueron las áridas Atacama y Coquimbo, donde las precipitaciones extremas son un fenómeno poco frecuente. Allí quedaron incomunicadas casi 65 mil personas. En total, el temporal afectó a 10 de las 16 regiones del país.

Magnitud de los daños: cifras que estremecen

El impacto en la infraestructura fue colosal:

  • Viviendas: 81 casas quedaron completamente destruidas y casi 25 mil sufrieron daños de diversa consideración. Más de 3.400 personas se quedaron sin hogar.
  • Servicios básicos: 87 mil personas se quedaron sin electricidad y más de 180 mil sin agua potable.
  • Infraestructura social: escuelas, universidades, hospitales, carreteras y puentes resultaron dañados. Las autoridades suspendieron las clases en varias comunas.

Los cauces de agua, quebradas y riberas de ríos están debilitados por las lluvias de los últimos días, —advirtió Cebrián. El riesgo de crecida en algunos de ellos persiste.

El ministro del Interior, Claudio Alvarado, confirmó que, aunque las lluvias han remitido, el peligro continúa debido a los «cauces crecidos y los barrancos».

Respuesta de las autoridades: estado de catástrofe y alerta sanitaria

El presidente José Antonio Kast reaccionó de inmediato declarando estado de catástrofe en las regiones de Coquimbo y la provincia de Huasco en Atacama. Esta medida permitió movilizar a las Fuerzas Armadas para agilizar la ayuda humanitaria.

La declaración de estado de catástrofe es necesaria para acelerar la distribución de ayudas, movilizar recursos militares y coordinar las operaciones de rescate, explicó el presidente Kast.

Acto seguido, el Ministerio de Salud decretó alerta sanitaria en las mismas zonas para «responder con mayor celeridad a las necesidades de atención médica de la población afectada».

Hacia el atardecer del 22 de julio, ya había llegado a la región de Atacama el segundo avión con ayuda humanitaria. Según detalló la directora de Senapred, Alicia Cebrián, desde el inicio de la crisis se han enviado al norte de Chile más de 150 toneladas de suministros.

Gracias a Dios, el nivel de los ríos en el norte ya está bajando ligeramente, lo que ha permitido abrir algunas carreteras, —señaló la ministra de Salud, Mai Chomali. Esto significa que podremos hacer llegar la ayuda más rápidamente.

Una tregua momentánea antes de un nuevo embate

La pausa, sin embargo, fue breve. Los meteorólogos advirtieron que en los próximos días se espera un nuevo frente que algunos especialistas ya califican como «el más fuerte de la semana».

La investigadora del Centro Agrimed de la Universidad de Chile, Paula Santibáñez, explicó que sobre el Pacífico se ha formado una «extensa zona de inestabilidad» —un verdadero «tren de sistemas frontales» que se suceden uno tras otro hacia la costa chilena.

El doctor en Ciencias Atmosféricas Jorge Carrasco, de la Universidad de Magallanes, confirmó que el nuevo frente llegará a la zona central el jueves. Los mayores impactos se prevén en las regiones de O’Higgins, Maule, Ñuble y Biobío.

Avance económico: la reforma tributaria de Kast

Mientras el norte del país luchaba contra los estragos de la naturaleza, en el Congreso chileno ocurría un hecho que sus partidarios califican de histórico y sus opositores, de criminal. La Cámara de Diputados aprobó la mayor parte de la megareforma económica y social impulsada por el presidente Kast.

La oposición exigió posponer la votación debido a la trágica tormenta, pero el gobierno insistió en seguir adelante.

Esperamos que la votación de hoy confirme la necesidad de sacar al país adelante, declaró el día anterior el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz.

El corazón de la reforma: apuesta por la empresa

El eje central de la reforma es la reducción gradual del impuesto a las ganancias corporativas del actual 27% al 23% para 2029. El plan contempla bajarlo al 25,5% en 2027, al 24% en 2028 y al 23% a partir de 2029. Ello acerca a Chile al promedio de los países de la OCDE.

Además, la reforma incluye:

  • Estabilidad tributaria por 10 años para inversiones superiores a US50millonesypor20an~osparaproyectosqueexcedanlosUS50millonesypor20an~osparaproyectosqueexcedanlosUS350 millones.
  • Exención del IVA en la compra de la primera vivienda.
  • Beneficios fiscales para la repatriación de capitales.
  • Mecanismos de compensación para empresas cuyos proyectos sean bloqueados por tribunales tras obtener permisos ambientales.

Hemos aprobado medidas para restaurar la confianza en las inversiones en Chile, eliminar barreras burocráticas que frenaban los proyectos y brindar seguridad a quienes deciden invertir, afirmó el ministro Quiroz.

Contexto económico: una apuesta por la salvación

La reforma es la respuesta a la prolongada recesión. En el primer trimestre de 2026, la economía chilena se contrajo un 0,5% y el desempleo alcanzó el 9,4%. El gobierno de Kast, que asumió en marzo, apuesta por la desregulación y la atracción de capital privado.

El director del programa de magíster en Finanzas de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile, Jorge Berríos, calificó la reforma como un intento de recuperar la confianza de los inversores.

«La reducción del impuesto corporativo en varios puntos porcentuales tiene un efecto positivo en las empresas y la economía, aunque esos resultados suelen manifestarse a largo plazo», señaló Berríos.

Según él, el mercado chileno «vuelve a una estructura similar a la de los años noventa, cuando las reformas de mercado permitieron al país alcanzar un fuerte crecimiento y destacar en América Latina».

Reacción de los empresarios y advertencias de la oposición

La principal agrupación empresarial del país, la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), saludó con entusiasmo la aprobación de la reforma. Su presidenta, Susana Jiménez, calificó la iniciativa como «un paso importante para recuperar la dinámica de la economía y volver al crecimiento».

El banco de inversión J.P. Morgan calificó la ley como «el catalizador político más importante» para el mercado bursátil local en lo que va del año.

Sin embargo, la oposición se mostró firme. Los partidos de izquierda y centro ya anunciaron que acudirán al Tribunal Constitucional para impugnar la legitimidad de varios artículos. Los críticos sostienen que la reforma beneficia principalmente a los «súper ricos» y profundizará la desigualdad social.

Las organizaciones ecologistas también alzaron la voz, especialmente por las disposiciones que facilitan la transferencia de concesiones para el cultivo de salmón. En un comunicado conjunto, 18 organizaciones calificaron esto como una estrategia de «privatización» de los recursos naturales sin un análisis técnico ni evaluación ambiental adecuados.

La consultora Teneo advirtió que el debate polarizado podría derivar en un «proceso de implementación conflictivo» de la reforma.

Terremoto: otro golpe al norte

Para colmo de males, la noche del 22 de julio la región de Atacama fue sacudida por un terremoto de magnitud 4,9.

Según el Centro Sismológico de la Universidad de Chile, el movimiento telúrico ocurrió a las 5:34 a.m. (hora local). El epicentro se localizó a 59 kilómetros al noroeste de Carrizal Bajo, a una profundidad de 28 kilómetros.

El Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA) se apresuró a tranquilizar a la población: el sismo no reunía las condiciones para generar un tsunami en la costa. Afortunadamente, no se reportaron daños ni víctimas.

Más tarde, a las 13:34, se registró otro temblor de magnitud 5,0 al suroeste de San Pedro de Atacama.

Conclusión: El día que partió a Chile en dos

El 22 de julio de 2026 no será para Chile una fecha más en el calendario. Es el día en que el país miró al mismo tiempo a dos abismos: uno se abrió en el norte, anegando casas y arrebatando vidas; el otro, en los pasillos del poder económico, donde se decidía el destino de millones. Y en la forma en que ambas historias se entrelazaron se revela la esencia misma del Chile actual: su vulnerabilidad, sus contradicciones y su desesperado intento por sobrevivir.

Dos tragedias, un mismo pueblo

Imaginemos a una familia cualquiera en Coquimbo. Madre, padre y tres hijos. Su casa, construida por el abuelo, se sostenía con esfuerzo y cemento, como cientos de otras en el vecindario. En una noche, los muros se derrumbaron, el agua se llevó todo y el único camino hacia la ciudad se convirtió en un río de barro. Quedaron sin techo, sin comunicación, sin esperanza de auxilio pronto. Esperan a los militares, a la ayuda humanitaria, al presidente que prometió llegar.

Mientras tanto, a mil kilómetros al sur, en los salones del Congreso, los diputados, resguardados de la lluvia y el viento, discuten sobre tasas impositivas. Hablan de porcentajes, de contratos a diez años, de recuperar inversores. Alguno de ellos quizás ni siquiera sabe que en Atacama han muerto personas para quienes la palabra «inversión» suena a burla, porque lo que necesitan ahora son mantas y un plato de sopa caliente.

Este contraste no es casualidad. Es una elección. Y ya fue hecha.

El precio de la decisión del presidente Kast

José Antonio Kast tomó una decisión que sus simpatizantes llamarán valiente y sus detractores, inhumana. No pospuso la votación. Dijo: «La economía no espera». Quizás detrás hubo una lógica férrea: si el país no comienza a salir de la recesión hoy, dentro de un año muchas más familias sufrirán y culparán al gobierno no por dureza, sino por inacción. Tal vez él vio su misión en salvar el futuro, sacrificando el presente.

Pero el problema es que, para la gente del norte, el futuro no llegó mañana ni dentro de un año. Llegó ayer, cuando el agua irrumpió en sus dormitorios. Ellos no necesitan exenciones fiscales para grandes corporaciones; necesitan que el presidente llegue y vea con sus propios ojos lo que queda de sus pueblos. Y él llegará. Pero después de la votación.

Chile, un país que en las últimas décadas ha soportado dictadura, terremotos y estallidos sociales, está acostumbrado al dolor. Pero la costumbre no hace que el dolor sea menos agudo; los chilenos simplemente han aprendido a aguantar. Y el gobierno de Kast parece decidido a poner a prueba esa resistencia.

¿Qué espera a Chile mañana?

Cuando las tormentas amainen y el agua retroceda, llegarán los constructores al norte. Reconstruirán carreteras, escuelas, hospitales. Llevará meses, quizás años. Pero junto con el cemento y las tuberías llegará también la reforma económica. Los inversores, atraídos por la rebaja de impuestos, empezarán a financiar proyectos —quizás incluso en las regiones devastadas, que necesitan empleo y dinero más que ninguna otra.

La paradoja es que la reforma, criticada por cínica, a largo plazo podría beneficiar precisamente a quienes hoy sufren. Porque Chile no tiene otro plan. El país no puede imprimir dólares ni endeudarse indefinidamente. Solo cuenta con el capital privado, y para atraerlo necesita crear reglas que gusten a los empresarios.

Pero ¿será ese capital humano? Recordará a quienes lo perdieron todo aquella noche de julio? O se quedará en las oficinas de Santiago, ajeno al barro y las lágrimas?

La pregunta que queda sin respuesta

En esta historia no hay ganadores ni perdedores. Hay un país que intenta respirar con dos pulmones: uno perforado por la naturaleza y otro comprimido por la crisis económica. Y ambos pulmones necesitan tratamiento.

El 22 de julio de 2026, Chile eligió un camino que muchos tildan de arriesgado. Apostó por el futuro, pero no anuló el presente. Decidió que el crecimiento es más importante que la compasión, o más bien, que la compasión es imposible sin crecimiento.

Cada chileno que lea estas líneas sentirá algo distinto. Unos, con el corazón encogido al ver la casa destruida de sus familiares. Otros, con la esperanza de que mañana lleguen el dinero y el trabajo. Algunos, con amargura porque las voces de los pobres vuelven a ser ignoradas en los pasillos del poder.

Pero una cosa es segura: Chile ya no es el mismo de ayer. Se ha vuelto más duro, más cínico —o, si se prefiere, más pragmático. La única cuestión es si su pueblo resistirá este doble golpe: el de la naturaleza y el de las reformas. Si resistirá, como siempre lo ha hecho —con dignidad, pero con dolor en los ojos.

Al final, esta historia no trata de impuestos ni de tormentas. Trata de nosotros, las personas que cada día elegimos qué es más importante: la seguridad de hoy o la oportunidad de una vida mejor mañana. Y Chile eligió la oportunidad. Si ese boleto será un viaje hacia un futuro brillante o una ilusión más, solo el tiempo — que no espera a nadie— lo dirá.

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