El 28 de julio de 2026, en Lima, se celebró la investidura de Keiko Fujimori — asumió oficialmente la presidencia de Perú, convirtiéndose en la primera mujer en la historia del país elegida por voto popular para ocupar el cargo. La ceremonia tuvo lugar en el Parlamento peruano, con la asistencia de los presidentes de Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Panamá, Honduras, Paraguay, así como el rey de España y otras altas autoridades. Su mandato se extenderá hasta julio de 2031.
Así concluyó un viaje político de más de veinte años de la hija del expresidente Alberto Fujimori —un camino marcado por tres derrotas electorales, investigaciones judiciales y una lucha constante por ser reconocida como política autónoma y no solo heredera de un controvertido legado familiar.
Camino al poder: de primera dama a líder de la oposición
La biografía política de Keiko Fujimori comenzó mucho antes de su primera candidatura presidencial. En 1994, cuando apenas tenía 19 años, se convirtió en primera dama de Perú tras el divorcio de sus padres —el presidente Alberto Fujimori y Susana Higuchi—. A tan corta edad, acompañó a su padre en los últimos años de su mandato, recorrió el país y tejió sus primeras redes políticas.
Tras la caída del régimen de Fujimori en 2000, se fue a Estados Unidos para continuar sus estudios. Sin embargo, la política pudo más: en 2006 regresó y fue elegida congresista por Lima, obteniendo uno de los resultados más altos en aquellos comicios. En 2010 fundó el partido «Fuerza Popular», que se convertiría en el principal instrumento político del fujimorismo en el siglo XXI.
Desde entonces, se ha presentado a la presidencia en cuatro ocasiones:
| Año | Oponente | Resultado |
|---|---|---|
| 2011 | Ollanta Humala | Derrota en segunda vuelta |
| 2016 | Pedro Pablo Kuczynski | Derrota en segunda vuelta |
| 2021 | Pedro Castillo | Derrota en segunda vuelta |
| 2026 | Roberto Sánchez | Victoria (50,135% de los votos) |
Elecciones 2026: victoria por el margen más ajustado
Los comicios presidenciales de 2026 fueron los más reñidos de la historia reciente de Perú. La segunda vuelta se celebró el 7 de junio. El rival de Fujimori fue el candidato de izquierdas Roberto Sánchez, de la coalición «Juntos por el Perú».
El recuento de votos se prolongó durante 22 días. No fue hasta el 29 de junio cuando la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) anunció los resultados definitivos: Fujimori obtuvo el 50,135% (9.223.396 votos) frente al 49,865% de Sánchez (9.173.755 votos). La diferencia fue de solo 49.641 votos —uno de los márgenes más ajustados en la historia de las elecciones presidenciales peruanas.
Sánchez denunció que los comicios habían sido «gravemente comprometidos» y amenazó con impugnaciones judiciales, señalando presuntas irregularidades en el voto de los peruanos en el extranjero. Su partido presentó un recurso de apelación para anular los resultados. Sin embargo, en julio, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) proclamó oficialmente a Keiko Fujimori como presidenta para el período 2026–2031.
«Mano dura»: el programa de la nueva presidenta
Keiko Fujimori es una política de derechas, y su programa refleja las posturas conservadoras y populistas del fujimorismo. Las principales líneas de su política pueden resumirse en tres bloques.
🔒 Seguridad: el ejército contra la delincuencia
El punto central de su campaña electoral y de su discurso de investidura es la lucha contra la delincuencia. Perú atraviesa la peor crisis de seguridad de las últimas décadas, provocada por la expansión de bandas criminales locales y extranjeras que controlan asesinatos por encargo y extorsiones.
Fujimori prometió ceder a los militares el control temporal de las operaciones de seguridad en las zonas con altos índices de criminalidad durante los estados de emergencia. «Utilizaremos todas las herramientas previstas en la Constitución. Allí donde la delincuencia organizada, el narcotráfico, la minería ilegal hayan tomado el control del territorio, restauraremos la autoridad del Estado», declaró.
También planea transferir a los militares el control del sistema penitenciario durante su reforma integral y utilizar la inteligencia militar para combatir la violencia.
💰 Economía: inversiones y crecimiento
En el ámbito económico, Fujimori apuesta por estimular los sectores productivos —minería, energía e industria manufacturera—. Promete creación de empleo, apoyo al emprendimiento y atracción de inversión privada para impulsar el crecimiento.
Además, se comprometió a aumentar el salario mínimo en el país, señalando que la desigualdad en Perú es la más alta de América Latina.
Clima: lucha contra El Niño
Fujimori anunció el desarrollo de un plan nacional de acción para hacer frente a fenómenos naturales extremos, en particular los efectos de El Niño. Los agricultores recibirán asistencia técnica necesaria.
La sombra del padre: el legado de Alberto Fujimori
Keiko Fujimori es hija de Alberto Fujimori, quien gobernó Perú entre 1990 y 2000. Su legado sigue siendo profundamente controvertido: sus seguidores lo recuerdan como el hombre que derrotó a los grupos insurgentes de izquierda y estabilizó la economía; sus detractores, como un líder autoritario culpable de violaciones de derechos humanos y corrupción. En 2009 fue condenado a 25 años de prisión y permaneció encarcelado hasta 2024, cuando falleció en libertad.
La propia Keiko, durante la campaña, apeló activamente a la memoria de su padre.
Papá, hoy Perú te recuerda, y millones te llevan en su corazón. Sé que me acompañas en este día importante», escribió el día de su investidura. Y durante la campaña declaró: Como yo tengo la sangre de Alberto Fujimori, lo haremos con huevos de acero para vencer a la delincuencia.
Sin embargo, los expertos señalan que Keiko no es una copia de su padre. A diferencia de Alberto, que fue un «forastero» que derrotó al establishment en 1990, Keiko es producto del sistema de partidos, líder de la mayor fuerza política del país. No promete disolver el Congreso (como hizo su padre en 1992), sino que planea actuar dentro del marco constitucional.
Pero, como señala la politóloga Cynthia McClintock de la Universidad George Washington, «los recuerdos de Alberto se han desvanecido un poco, y por eso ella está logrando su objetivo». El regreso de los Fujimori al poder, 26 años después de la renuncia de su padre, no es solo un cambio de presidente, sino el retorno de todo un movimiento político.
Problemas judiciales: espadas de Damocles sobre la justicia
La carrera política de Keiko Fujimori ha estado acompañada durante años de procesos judiciales. La principal acusación se refiere al financiamiento ilegal de las campañas electorales de 2011 y 2016 por parte de la constructora brasileña Odebrecht —epicentro del mayor escándalo de corrupción en América Latina.
En 2018, Fujimori fue sometida a prisión preventiva por el delito de lavado de dinero en el marco de esta investigación. Más tarde fue liberada, pero el caso permaneció abierto durante varios años, afectando la percepción pública de su liderazgo.
En el momento de asumir la presidencia, la cuestión de si todas las causas judiciales en su contra están cerradas no está del todo clara. Sin embargo, según la legislación peruana, el presidente en ejercicio goza de cierta inmunidad frente al procesamiento judicial. No obstante, este tema sigue siendo fuente de tensión política y objeto de disputas entre partidarios y detractores del fujimorismo.
Análisis: ¿qué supone la llegada de Fujimori?
Contexto político: diez presidentes en diez años
Keiko Fujimori se convierte en el décimo presidente de Perú en los últimos diez años —un indicador alarmante de inestabilidad política. Desde 2016, el país ha tenido ocho presidentes, la mayoría destituidos o forzados a dimitir por presión del Congreso. Ninguno completó un mandato completo de cinco años.
Como señala la BBC, la política peruana de los últimos años ha estado marcada por «inestabilidad y crisis políticas permanentes», en las que la mayoría de los gobernantes abandonaron sus cargos en medio de acusaciones de corrupción y procedimientos parlamentarios de destitución. Fujimori hereda un país profundamente polarizado. Su principal tarea es garantizar la estabilidad que tanto ha faltado a sus predecesores.
Tendencia regional: ola derechista en América Latina
La victoria de Fujimori se inscribe en la tendencia regional de giro a la derecha. Es el último ejemplo de cómo los líderes de derecha llegan al poder en América Latina mediante elecciones.
En la investidura estuvieron presentes presidentes aliados: Javier Milei (Argentina), José Antonio Kast (Chile), Daniel Noboa (Ecuador), Rodrigo Paz (Bolivia), Yamandú Orsi (Uruguay). Todos comparten posturas conservadoras o de centro-derecha y apuestan por la cooperación con Estados Unidos.
Fujimori ha manifestado su intención de colaborar estrechamente con Estados Unidos y los líderes de derecha de la región. También se suma al grupo de mandatarios latinoamericanos que buscan entablar relaciones con el presidente estadounidense Donald Trump. Esto significa que Brasil, con Luiz Inácio Lula da Silva, queda ahora como el principal bastión de la izquierda en la región.
Polarización: un país dividido
La llegada de Fujimori al poder profundiza la fractura en la sociedad peruana. Para unos, es «una promesa de estabilidad»; para otros, «el retorno de un proyecto político que echa sal en heridas aún no cicatrizadas».
El día de la investidura, más de 100 manifestantes se concentraron frente al Congreso. Muchos de ellos eran familiares de víctimas de la violencia estatal, incluso del período de gobierno del padre de Keiko. Es un recordatorio de que, para una parte importante de los peruanos, el apellido Fujimori sigue asociado al autoritarismo y a las violaciones de derechos humanos.
Pronósticos: qué espera a Perú con Keiko Fujimori
Escenarios positivos
- Estabilización del sistema político. Si Fujimori logra completar su mandato (algo que ningún presidente ha conseguido desde 2016), ello sería en sí mismo un logro histórico para Perú.
- Lucha eficaz contra la delincuencia. La línea dura con participación militar podría dar resultados rápidos en la reducción de la violencia —justo lo que esperan de ella los votantes que optaron por la «mano dura».
- Crecimiento económico. El estímulo a la minería y la atracción de inversiones podrían reactivar la economía, especialmente en un contexto de alta desigualdad.
- Influencia regional. Perú podría ocupar un lugar más destacado en la ola conservadora, fortaleciendo la posición de las fuerzas de derecha en Sudamérica.
Riesgos y desafíos
- Deriva autoritaria. La transferencia a los militares del control de las prisiones y de las operaciones de seguridad suscita temores de que se repita el escenario de los años 1990, cuando el ejército recibió facultades excesivas. Los críticos temen que la «mano dura» pueda traducirse en nuevas violaciones de derechos humanos.
- Polarización política. Casi el 50% de los electores votaron en contra de Fujimori. Tendrá que gobernar un país donde casi uno de cada dos peruanos no reconoce su legitimidad. La gran pregunta es si podrá superar esta brecha.
- Riesgos judiciales. Si las causas judiciales en su contra se reabren tras el fin de su mandato, se generará un clima de incertidumbre que podría desencadenar una nueva crisis política.
- Dependencia externa. La orientación hacia Estados Unidos y los líderes de derecha de la región podría debilitar la posición de Perú en el diálogo con otros centros de poder, incluido China, uno de los principales socios comerciales del país.
A modo de conclusión
Keiko Fujimori se ha convertido en presidenta de Perú a los 51 años, más de 20 años después de haber entrado por primera vez en la política nacional como primera dama, con apenas 19 años. Su victoria es a la vez un triunfo personal, el retorno de todo un movimiento político y un síntoma de los profundos cambios en la política latinoamericana.
No ha llegado con promesas de «milagros inmediatos», como ella misma reconoció en su discurso de investidura: «No he venido a ofrecer milagros inmediatos ni promesas vacías. He venido a ofrecer método, disciplina, perseverancia y un camino claro».
Si logrará recorrer ese camino sin repetir los errores de su padre, el tiempo lo dirá. Una cosa es segura: Perú entra en una nueva era. Y esta era vuelve a llevar el apellido Fujimori.
