Las relaciones entre Afganistán y Pakistán han entrado en su fase más tensa de los últimos años. Tras una serie de bombardeos aéreos sobre territorio afgano y ataques de respuesta a lo largo de la frontera, la parte pakistaní declaró que se encuentra en un «estado de guerra abierta».
Sin embargo, la actual escalada no es una crisis repentina, sino el resultado de contradicciones acumuladas durante décadas.
Qué desencadenó la escalada
En febrero de 2026, Pakistán acusó a combatientes que supuestamente operan desde territorio afgano de estar detrás de una serie de ataques dentro del país. En respuesta, Islamabad lanzó bombardeos contra presuntas bases de grupos armados.

El ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Asif, declaró:
Nuestra paciencia se ha agotado. Esto es una guerra abierta.
La parte afgana calificó las acciones de Pakistán como una violación de su soberanía y afirmó que se reserva el derecho de responder. Posteriormente comenzaron ataques mutuos contra posiciones fronterizas.
Formalmente, los bombardeos marcaron el inicio de la fase actual de enfrentamientos. Pero las raíces del conflicto son mucho más profundas.
Raíz histórica Nº1: la línea que Kabul no reconoció
En el centro de la tensión se encuentra la Línea Durand, trazada en 1893 entre la India británica y Afganistán.
Tras la creación de Pakistán en 1947, las autoridades afganas nunca reconocieron oficialmente esa línea como frontera internacional definitiva. La delimitación dividió territorios tribales pastunes, rompiendo vínculos sociales y comerciales tradicionales.
Para Islamabad es una frontera estatal legítima.
Para muchos en Afganistán, es un vestigio colonial.
Cada incidente en esa zona adquiere automáticamente una dimensión política.
Raíz histórica Nº2: los talibanes y la «profundidad estratégica»
En la década de 1990, Pakistán apoyó al movimiento Talibán con la expectativa de obtener un gobierno aliado en Kabul y una ventaja estratégica frente a India.
Tras el regreso de los talibanes al poder en 2021, se esperaba una cooperación más estrecha. Sin embargo, la realidad resultó más compleja.
Pakistán acusa a las autoridades afganas de permitir la presencia en su territorio del Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), un grupo que mantiene una lucha armada contra el Estado pakistaní.
Kabul lo niega.
Así, antiguos socios tácticos se encuentran ahora en lados opuestos de una nueva línea de confrontación.
¿Quién empezó primero?
Desde el punto de vista cronológico, los bombardeos pakistaníes constituyeron la primera gran escalada de esta fase.
Desde la perspectiva de Islamabad, se trató de una respuesta a ataques terroristas.
Desde la perspectiva de Kabul, fue un acto de agresión.
En la práctica, se trata de un ciclo de «ataque — respuesta — nuevo ataque», en el que cada parte se considera defensiva.
El tablero regional
India
India no participa oficialmente en el conflicto. Sin embargo, Pakistán tradicionalmente interpreta cualquier dinámica regional a través de su rivalidad con Nueva Delhi. Cualquier desestabilización de Pakistán reduce objetivamente su margen estratégico en el frente oriental.
China
China está interesada en la estabilidad de Pakistán debido a proyectos de infraestructura y corredores logísticos. Para Pekín, la escalada representa un riesgo.
Irán
Irán expresa preocupación por un posible flujo de refugiados y por el fortalecimiento de grupos radicales en zonas fronterizas.
Rusia
Rusia manifiesta inquietud por la desestabilización regional y los riesgos para Asia Central.
A quién beneficia la inestabilidad
1. A los grupos radicales
El principal beneficiario directo de la escalada es el Tehrik-e-Taliban Pakistan. La debilitación de la coordinación estatal y el aumento del caos amplían su margen de maniobra.
2. A las facciones más duras dentro de ambos países
En un contexto de amenaza externa, se refuerzan las posiciones de sectores militares y corrientes radicales que rechazan compromisos.
3. A las redes económicas ilegales
La inestabilidad fronteriza favorece tradicionalmente el contrabando, los flujos financieros informales y el comercio ilícito.
Escenarios posibles
Escenario 1: Escalada limitada
Varias semanas de enfrentamientos fronterizos seguidas de una reducción gradual de la intensidad mediante mediación diplomática.
Escenario 2: Expansión a través de actores proxy
Incremento de ataques por parte de grupos no estatales y bombardeos más profundos en territorio del adversario.
Escenario 3: Intervención diplomática externa
Participación activa de China u otras potencias regionales para evitar una guerra a gran escala.
El problema estructural principal
Este conflicto no gira en torno a un incidente concreto.
Se trata de una frontera no reconocida, del legado de los años noventa, de acusaciones mutuas de apoyo a grupos armados y de una profunda desconfianza estratégica.
Situación al 27 de febrero de 2026
Continúan los enfrentamientos fronterizos.
La retórica oficial sigue siendo dura.
Los canales diplomáticos no están formalmente cerrados.
Actores internacionales llaman a la contención.
La probabilidad de una guerra convencional a gran escala sigue siendo moderada, pero el riesgo de una inestabilidad prolongada es elevado.
Conclusión
La actual escalada no es el inicio de una nueva guerra, sino la manifestación de un conflicto antiguo no resuelto.
Mientras la Línea Durand siga siendo un símbolo político y la cuestión de los grupos armados continúe siendo objeto de acusaciones cruzadas, la frontera entre Afganistán y Pakistán seguirá siendo una zona de crisis crónica.
