Narrativas de dominación y teoría geopolítica de juegos

Por qué el secuestro del presidente de Venezuela se convirtió en un síntoma de la nueva realidad mundial

Omar Sid

El secuestro que cambió las reglas

El 3 de enero de 2026 se convirtió en una fecha que ya no puede borrarse de la historia mundial. Ese día, el presidente en funciones de Venezuela, Nicolás Maduro, fue secuestrado en Caracas por fuerzas especiales estadounidenses y trasladado a Nueva York bajo acusaciones de «narcoterrorismo».

La administración de Donald Trump presentó la operación como una «victoria sobre la dictadura». Sin embargo, detrás de este aparente triunfo se esconde una señal mucho más inquietante: Estados Unidos ya no considera necesario ni siquiera simular el respeto por las normas internacionales.

No se trata de un exceso ni de una operación fallida. Es la demostración de una nueva etapa del imperialismo, que ya no necesita sanciones de la ONU, fundamentos jurídicos ni cortinas diplomáticas.

NSS 2025: Estados Unidos como «zona de control directo»

La captura de Maduro es una consecuencia directa de la Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU. de 2025. En este documento, América Latina es definida por primera vez como una «zona de seguridad nacional directa» para Estados Unidos.

En un contexto de fortalecimiento de China, Rusia y del avance de un mundo multipolar, Washington renuncia de facto a la idea de una hegemonía global y se concentra en su propio hemisferio. No con fines defensivos, sino para ejercer un control ofensivo sobre recursos, rutas logísticas y alianzas.

El Caribe desempeña aquí un papel clave. No es un «mar secundario», sino una arteria estratégica entre el Atlántico y el Pacífico. Estados Unidos no está dispuesto a compartirlo con nadie.

En esencia, estamos presenciando una Doctrina Monroe renovada: versión 2.0, donde el derecho de la fuerza desplaza definitivamente al derecho internacional.

Petróleo, recursos y una franqueza sin disfraces

El viejo mito de que la presión sobre Venezuela responde a la «defensa de la democracia» ha quedado completamente desmontado. El propio Donald Trump formuló el objetivo sin rodeos:

Es nuestro petróleo.

Esta lógica queda reflejada también en la NSS 2025: Estados Unidos no permitirá que potencias externas al hemisferio controlen activos estratégicos en el continente americano.

No se trata solo de petróleo. Se trata de limitar la influencia de China, Rusia e Irán, convirtiendo a Venezuela en una advertencia para todos los demás.

Teoría de juegos: cómo piensa el imperio

Para entender lo que está ocurriendo, resulta útil recurrir a la teoría de juegos, no como un modelo de un «mundo ideal», sino como una herramienta para descifrar la lógica del adversario.

El imperio actúa como si el mundo fuera un juego de suma cero: si alguien gana, Estados Unidos pierde. Bajo esta lógica, todo es aceptable, desde sanciones hasta el secuestro de jefes de Estado.

No aceptamos esta lógica como norma. Pero para oponerse a ella, primero hay que comprenderla.

Venezuela como «jugador con una etiqueta incorrecta»

Estados Unidos actúa bajo la premisa de que Venezuela es un «Estado narcoterrorista». Sin embargo, los propios informes de agencias estadounidenses de 2024 y 2025 no confirman esta afirmación. Más aún, en enero de 2026 el Departamento de Justicia de EE. UU. abandonó de facto la acusación clave sobre la existencia del llamado «Cártel de los Soles».

Esto demuestra que Washington no opera con hechos, sino con construcciones ideológicas.

Venezuela, por su parte, entiende perfectamente con quién se enfrenta. La frase de Trump sobre el petróleo elimina cualquier ilusión. En este contexto, la detención de Maduro puede interpretarse como un intento de evitar un enfrentamiento militar inmediato: una elección estratégica entre un escenario grave y uno catastrófico.

Doctrina Monroe 2.0 y una escalada peligrosa

La captura de un presidente es una señal. Estados Unidos deja claro que está dispuesto a violar el derecho internacional en nombre de su «zona de seguridad».

Pero la teoría de juegos advierte: este tipo de demostraciones de fuerza pueden desencadenar consecuencias imprevisibles. Desestabilización regional, crecimiento de la resistencia, implicación de otros actores globales: todo esto ya no es una hipótesis, sino un riesgo real.

El Caribe podría convertirse en el Vietnam del siglo XXI.

China y Rusia: defensa de las reglas, no del poder

La reacción de China y Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU fue reveladora. Ambos países calificaron lo ocurrido como una grave violación del derecho internacional y reafirmaron su reconocimiento de Maduro como presidente legítimo.

China recordó:


Ningún país puede ser el policía del mundo.

Rusia planteó una pregunta retórica:


¿Es este el mundo que queríamos ver en el 80.º aniversario de la Carta de la ONU?

No se trata de construir un nuevo imperialismo, sino de defender la propia idea de normas internacionales en un mundo donde estas se están desdibujando rápidamente.

Más allá del «juego»

La teoría clásica de juegos presupone que todos aceptan sus reglas. Pero hoy son precisamente esas reglas las que están en crisis.

El secuestro de un jefe de Estado es una admisión implícita: el imperio ya no puede sostener el orden mediante el consenso. Solo mediante la fuerza.

La historia demuestra que estos sistemas no son duraderos. Su poder es, al mismo tiempo, su mayor debilidad.

Comprender la lógica del adversario es esencial. Pero el futuro no se construye solo con cálculos, sino con la capacidad de los pueblos de salir del juego impuesto y proponer su propio camino.

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