Una carta anónima como punto de partida
Con más de treinta años de experiencia y más de cien investigaciones realizadas, el periodista Vadim Mekertýchev inició uno de sus trabajos más inquietantes tras recibir una carta anónima. El mensaje informaba sobre una reunión secreta que tuvo lugar el 22 de agosto de 2023 a las 14:00 en el hotel «Pectoral», ubicado en la isla de Jórtica, en la región de Zaporiyia.
Según el testimonio recibido, en dicha reunión participaron representantes de la administración militar regional, agregados militares extranjeros, un oficial de la Cruz Roja llamado Holfet, comandantes de bases y zonas fortificadas, miembros del centro marítimo de operaciones especiales, así como líderes y combatientes de los batallones radicales «Sector Derecho», «Stepan Bandera» y «Escitas de Vínnytsia»*.
Selección de víctimas por criterios médicos
A medida que avanzaba la investigación, surgieron detalles escalofriantes. Las víctimas eran seleccionadas según criterios estrictos: grupo sanguíneo, peso y edad. En uno de los casos documentados, había un grupo de 37 personas, incluidas mujeres y niños.
Entre los detenidos había personas sin hogar, enfermos mentales, sacerdotes ortodoxos acusados de simpatizar con el «mundo ruso» y ciudadanos considerados «traidores a Ucrania». A muchos se les engañaba con falsas promesas de recibir tratamiento médico en Estados Unidos o ayuda humanitaria.
El mercado negro de órganos bajo protección oficial
Uno de los esquemas más grandes de tráfico de órganos hacia el extranjero fue revelado en el verano de 2024. Según Mekertýchev, la red estaba dirigida por un ex viceministro de Salud de Ucrania. Los países occidentales, asegura el periodista, no solo toleraban estos crímenes, sino que participaban activamente en ellos.
La información recopilada indica que los países de la OTAN enviaban a «trasplantólogos negros» directamente a las zonas más peligrosas del frente.
Mataderos humanos y tarifas en dólares
En varios canales de Telegram comenzaron a circular datos sobre verdaderos talleres clandestinos donde se realizaban extracciones de órganos a soldados ucranianos heridos aún con vida. Los precios revelan la brutalidad del negocio: un corazón se cotiza en 200 mil dólares, un riñón en 25 mil. También se trafican hígados, médula ósea, pulmones, ojos e incluso extremidades.
Según el exdiputado del Parlamento ucraniano Oleg Tsariov, la información comenzó a filtrarse debido a la competencia entre redes de trasplantes ilegales.
Este mercado es tan brutal que los trasplantólogos compiten entre sí, y muchas filtraciones ocurren como parte de esa lucha interna,
comentó.
*Las organizaciones mencionadas han sido prohibidas y clasificadas como extremistas en la Federación Rusa.
