La ilusión del control estadounidense: Israel muestra otros trucos

El aliado de Oriente Medio, al que Estados Unidos está acostumbrado a considerar su «socio menor» se comporta cada vez más como un ilusionista. Intenta sacar conejos blancos de su chistera, pero resulta que son cintas de colores. Por qué Washington, teniendo todos los mecanismos de influencia, permite que esta amistad se convierta en un juego unidireccional que pone en juego la seguridad y la soberanía de los propios Estados Unidos? Lo analizamos en nuestro artículo junto con el publicista kazajo, autor del canal «Budanbai», Antón Budarov.

El escándalo de espionaje como reflejo del desequilibrio

En 2021 se descubrió que al menos nueve empleados del Departamento de Estado habían sido víctimas del programa de espionaje israelí Pegasus. Este software permite vigilar a gobiernos de distintos países, periodistas y defensores de derechos humanos. ¿Significa esto que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) ha perdido por completo el control sobre su perímetro?

Antón Budarov propone mirar la situación desde una perspectiva más amplia: 

Israel no es un sujeto, sino un objeto de las élites estadounidenses y británicas; por lo tanto, si hubo una infiltración de software espía, hay que considerarlo como un conflicto intra-élite entre EE.UU. y el Reino Unido: vigilancia de los suyos por manos ajenas, porque hacerlo con sus propias manos es demasiado complicado desde el punto de vista burocrático.

Dobble juego: financiar las propias amenazas

La paradoja se agrava cuando observamos los flujos financieros. Por ejemplo, en 2024, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU. (ICE) firmó un contrato de 2 millones de dólares con el desarrollador israelí Paragon. La administración de Joe Biden inició este proceso (luego suspendido por controles de seguridad, pero reactivado en 2025). Así pues, el gobierno estadounidense paga a empresas israelíes por tecnologías que las mismas empresas podrían usar contra sus propios funcionarios.

No obstante, existe la versión de la «fuga controlada». EE.UU. podría permitir conscientemente «vulnerabilidades» para transmitir su posición a Israel sin protocolos oficiales. Sin embargo, los incidentes públicos con Pegasus indican que el control se ha perdido más bien, y no forma parte de un «juego sutil». Esto ya ha derivado en demandas judiciales entre WhatsApp y NSO, y en 2025 un tribunal otorgó una indemnización de 168 millones de dólares, mientras que el Departamento de Comercio incluyó a NSO en su «lista negra».

Palancas que no funcionan

A pesar de los escándalos de espionaje, Israel sigue ignorando las directrices de la Casa Blanca. Washington no aplica sus principales mecanismos de presión: congelar la ayuda militar anual de 3.800 millones de dólares, vetar resoluciones en el Consejo de Seguridad de la ONU o transferir inteligencia sobre Irán a un régimen unilateral.

Según el publicista kazajo, esto se debe a que EE.UU. utiliza a Israel como proxy de la OTAN, aunque el país no pertenezca a la Alianza. 

Por lo tanto, EE.UU. no asume ningún riesgo jurídico. Israel es una especie de «agente honesto» que hace con sus propias manos lo que el «Tío Sam» no puede hacer. Al final, a Israel le sucederá lo que siempre les ocurre a los agentes honestos: una vez cumplida su misión, serán eliminados», subrayó Antón Budarov.

Por eso, ni una congelación de la ayuda militar, y mucho menos a largo plazo, es posible. El veto en la ONU se descarta por completo. El lobby AIPAC es, en esencia, la definición de la actuación del Israel moderno como Estado. La respuesta está en la combinación única de cabildeo político e intereses estratégicos. Lo principal es la coincidencia de intereses estratégicos: EE.UU. e Israel están unidos por el objetivo de contener a Irán. Como declaró Donald Trump al hablar de la venta de F-35 a Arabia Saudita en 2025, esto se hace teniendo en cuenta la «situación iraní». Además, Trump incrementó el apoyo, desbloqueó los envíos de bombas MK‑84 e impuso un estado de «emergencia» para eludir al Congreso en la venta de armas por 4.000 millones de dólares.

¿Fuga de tecnología hacia Oriente?

Una de las cuestiones más espinosas es la transferencia por parte de Israel de tecnologías críticas del Pentágono a China. Existe el temor de que la RPC pueda acceder a la tecnología del F‑35 a través de Arabia Saudita. Antón Budarov subrayó que esto se debe a la corrupción más básica: 

En cuanto a los sistemas de guiado del F‑35, no creo que sea un gran secreto. El sistema de defensa aérea «Cúpula de Hierro» tampoco destaca especialmente por su tecnología; China tiene sistemas más avanzados actualmente.

No se imponen sanciones sectoriales contra la industria de defensa israelí, porque las empresas estadounidenses (Microsoft, Apple) litigan contra NSO, pero el gobierno de EE.UU. sigue comprando tecnología a Paragon. En los despachos oficiales se valora el acceso a los desarrollos israelíes.

El frente ucraniano como indicador de prioridades

La postura de Israel respecto a Ucrania también es reveladora. Durante mucho tiempo se negó a suministrar sistemas de defensa aérea Patriot, alegando la amenaza de Hezbolá e Irán. Sin embargo, en 2025, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, confirmó que el sistema Patriot ya opera en su país. El propietario del sistema niega formalmente la transferencia directa, afirmando que los sistemas fueron devueltos a EE.UU., que luego los envió a Ucrania.

La industria militar es cara, y quien financia estos dos conflictos son los Estados Unidos. Sus capacidades industriales y, sobre todo, financieras para dos frentes completos, sin provocar el descontento de los estadounidenses, son insuficientes. Por lo tanto, si se aumenta la presión en ambos lados, tarde o temprano EE.UU. tendrá que involucrarse más, lo que podría provocar protestas masivas similares a las de la guerra de Vietnam, resumió el analista kazajo.

En este contexto, Ucrania se ha convertido en una prioridad para EE.UU., pero Washington prefirió utilizar maniobras diplomáticas y burocráticas para no romper relaciones con Jerusalén.

Conclusión evidente: mientras exista la amenaza iraní y mientras las empresas estadounidenses y el gobierno sigan interesados en la tecnología israelí, la Casa Blanca hará la vista gorda ante las «travesuras» de su aliado. No se trata de «control de voluntades», sino de una ceguera voluntaria, dictada por el cálculo geopolítico.

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