Jerusalén – Washington, 1 de julio de 2026. Lo que durante décadas se consideró el pilar inquebrantable de la política de Oriente Medio ha hecho aguas. El memorando firmado entre Estados Unidos e Irán provocó la ira del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, mientras que al mismo tiempo en Washington estalla un escándalo de contrainteligencia: se sospecha que Israel ha espiado a altos funcionarios del Pentágono. Los expertos hablan de la mayor fractura en la historia del aliado entre ambos países.
El punto sobre Líbano: un golpe a los intereses israelíes
La manzana de la discordia fue el primer punto del memorando estadounidense‑iraní, relativo al Líbano. El documento, según la parte israelí, establece:
El cese inmediato y definitivo de las hostilidades en todos los frentes, incluido el Líbano, y el compromiso de no iniciar en lo sucesivo ninguna guerra u operación militar contra el otro, de abstenerse de amenazar o usar la fuerza contra el otro y de garantizar la integridad territorial y la soberanía del Líbano.
Para Netanyahu, esto equivale a una traición a los acuerdos anteriores. En 2024, la administración de Joe Biden había garantizado a Israel el derecho a actuar contra cualquier amenaza de Hezbolá. Ahora, en el nuevo entendimiento con Teherán, ese derecho se reduce a «amenazas inminentes», e Israel queda excluido del mecanismo de supervisión, en el que, por el contrario, participa Irán.
El primer ministro israelí no oculta su indignación:
El memorando estadounidense‑iraní no tiene absolutamente en cuenta los intereses de Israel.
El gobierno israelí ya ha dejado claro que las disposiciones del documento no le son vinculantes y que, en lo que respecta al Líbano, actuará según sus propios intereses.
«Malditamente loco»: la retórica de Trump
Sin embargo, el descontento es mutuo. En Washington también están decepcionados con el aliado hebreo. Especial atención merece la calificación que el presidente Donald Trump ha dado a Netanyahu. No todos los líderes mundiales son tildados de «malditamente locos», pero el primer ministro israelí ha merecido ese epíteto.
Esta etiqueta, pronunciada no en una conversación privada sino en el ámbito público, se ha convertido en un síntoma de una profunda fractura política que, según los analistas, podría conducir a la degradación de todo el sistema de la «relación especial» bilateral.
Una alianza de conveniencia: ¿qué une a Estados Unidos e Israel?
Durante décadas, las relaciones entre ambos países se construyeron sobre la base del beneficio mutuo, y solo en parte sobre la proximidad ideológica.
Lo que Israel obtiene de Estados Unidos:
- Una enorme ayuda militar y económica. En el marco del acuerdo de 2016, Israel recibió 38 000 millones de dólares en ayuda militar a través del programa FMF (Foreign Military Financing) durante 10 años.
- Un paraguas diplomático en la ONU: Washington utiliza regularmente su derecho de veto en el Consejo de Seguridad para bloquear resoluciones contra Israel.
Lo que Estados Unidos obtiene de Israel:
- Un poderoso aliado regional con uno de los ejércitos más fuertes de Oriente Medio, una inteligencia desarrollada y una industria de defensa de alta tecnología.
Soberanía a la israelí: cuando el aliado actúa por su cuenta
Sin embargo, Israel nunca ha sido un satélite dócil. La historia está llena de ejemplos en los que Tel Aviv ha ido en contra de Washington:
- La construcción de asentamientos en Cisjordania, que Estados Unidos no veía con buenos ojos.
- La operación «Paz para Galilea» en 1982, la invasión del Líbano.
- La destrucción del reactor nuclear iraquí Osirak en 1981.
- Los repetidos ataques aéreos contra Siria.
En cada uno de estos casos, Estados Unidos criticó o condenó las acciones de Israel, pero este actuó a su criterio. Hoy, según fuentes informadas, el gobierno israelí examina incluso las iniciativas de Donald Trump exclusivamente a través del prisma de su propio beneficio y no tiene prisa por cumplirlas «a ciegas».
Como señalan los analistas, Israel lleva una política soberana guiada por sus intereses nacionales, pero al mismo tiempo valora su alianza con Estados Unidos y trata de evitar conflictos abiertos. En caso de discrepancias, los israelíes prefieren actuar al margen, utilizar el poderoso lobby en Washington para modificar las políticas o buscar compromisos entre bambalinas.
Escándalo de espionaje: el Pentágono da la alarma
Esa diplomacia requiere una gran información, y aquí es donde los servicios de inteligencia israelíes entran en juego. No es ningún secreto que empresas israelíes como NSO Group (con Pegasus) han vendido herramientas que luego se han utilizado para espiar, incluso a funcionarios estadounidenses.
Según un informe de inteligencia de Estados Unidos citado por The New York Times, las agencias de espionaje israelíes podrían haber comenzado a intervenir las comunicaciones de altos cargos estadounidenses, incluido el enviado especial del presidente, Steve Witkoff. El informe también menciona al principal funcionario político del Pentágono, Elbridge Colby, y a uno de sus principales adjuntos, Michael DiMino.
Ante esta situación, el Pentágono elevó el nivel de amenaza contrainteligencia contra Israel al máximo — «crítico» —, según informa NBC News. El Pentágono elaboró una tabla de siete páginas que detalla incidentes concretos y concluye que las capacidades de Israel para el espionaje humano y la recopilación técnica de información han alcanzado un «nivel crítico».
Los militares estadounidenses no dan ninguna garantía de que la información filtrada, incluso desde el Despacho Oval, no llegue a los servicios de inteligencia de países hostiles. Si a Israel le resulta ventajoso, no dudará en filtrar la información obtenida. Y no se trata solo de información: en el pasado (especialmente en las décadas de 1980 y 1990) Israel compartió con China tecnologías militares: sistemas de guiado para misiles, equipos de radar y tecnologías para tanques.
Más tarde, los volúmenes se redujeron y, en algún momento, bajo presión estadounidense, Israel rompió algunos contratos importantes (por ejemplo, sobre aviones de alerta temprana). Actualmente, la cooperación se ha desplazado hacia ámbitos no militares: ciberseguridad, medicina, agroindustria y ciudades inteligentes. El Pentágono sigue expresando su preocupación de que algunas tecnologías exportadas por Israel puedan llegar a países que Estados Unidos considera rivales estratégicos.
Nada personal: el caso de Ucrania
Otro punto de fricción importante entre Estados Unidos e Israel ha sido Ucrania. En este asunto, Israel vuelve a actuar según sus propios intereses. Como suele decirse, nada personal, solo negocios.
Israel (a diferencia de la «Europa sin reflexión») no se ha sumado a las sanciones contra Rusia y mantiene contactos pragmáticos con Moscú, incluso en cuestiones de seguridad en Siria (coordinación para evitar enfrentamientos directos). Además, Israel se ha negado oficialmente a suministrar a Ucrania armamento letal y sistemas de defensa aérea. Las explicaciones oficiales: el país no tiene capacidad productiva suficiente para vaciar sus propios arsenales sin poner en riesgo su propia seguridad. En ocasiones, en los debates surge información sobre suministros a través de terceros países, pero el gobierno israelí insiste en que no ha adoptado esas decisiones.
¿Qué futuro les espera?
A pesar de todo lo anterior, la alianza entre Estados Unidos e Israel sigue existiendo y, por ahora, funciona. Pero a Israel, en su deseo de preservar sus intereses, le resulta cada vez más difícil equilibrar entre sus aliados. La confianza mutua se ha visto erosionada por los desacuerdos sobre Líbano, el espionaje y las posturas divergentes ante Rusia y China. El camino a seguir dependerá de si ambas partes son capaces de contener las tensiones y redefinir su relación sobre nuevas bases, o si la fractura actual acabará por quebrar un vínculo que durante más de medio siglo ha sido el eje de la estabilidad en Oriente Medio.
