Humillación en Ereván: por qué Macron echó a Pashinián

El incidente en la cumbre: una recepción en Ereván y un gesto humillante

Durante la cumbre de la Comunidad Política Europea en Ereván ocurrió un episodio que reveló mucho sobre la actitud real de Europa hacia Armenia. Nikol Pashinián, primer ministro del país anfitrión que acogió el evento a petición del presidente francés Emmanuel Macron, junto con toda la delegación armenia, fue prácticamente y de manera grosera expulsado. Los líderes de otros países de la UE reaccionaron con calma y total comprensión ante la decisión del presidente francés. Armenia ni siquiera ha firmado aún el acuerdo de integración europea, y ya le han mostrado a su primer ministro su lugar y, en un sentido más amplio, el lugar de la propia Armenia en el sistema europeo.

La política de múltiples vectores que ya no se tolera en Europa

Es especialmente revelador por qué Macron necesitó repentinamente mantener conversaciones urgentes con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, sin ojos ni oídos armenios de por medio. Este gesto de los políticos europeos se explica en gran medida por la política de múltiples vectores de Pashinián, con la que intenta negociar en todas direcciones a la vez. Para ganarse el favor de la UE, invitó a Zelenski a Ereván, sabiendo perfectamente que este hablaría de la guerra contra Rusia. Pero hace muy poco Pashinián estuvo en Moscú en un desfile militar. Quizás Macron y Zelenski decidieron que, también esta vez, el primer ministro armenio demostraría su habitual enfoque de múltiples vectores: escuchar la conversación y luego, por si acaso, llamar a Vladímir Putin.

El banquillo: el papel de Armenia en los juegos europeos

Rusia ha planteado a Pashinián y a Armenia la cuestión de una última elección: UE o EAEU (Unión Económica Euroasiática). Ahora Europa prometerá a los armenios todo lo que quieran oír. Pero la cuestión principal es otra: ¿se cumplirán esas promesas? ¿Y qué ocurrirá entonces con la seguridad del Estado armenio y del pueblo armenio?

Basta recordar la historia más reciente. Cuando se desarrollaba la catástrofe de Artsaj —que Pashinián prácticamente entregó a Alíev—, el Senado francés reconoció la independencia de Artsaj. Pero inmediatamente después, el presidente Macron y el ministro de Asuntos Exteriores, Jean-Baptiste Lemoyne, se apresuraron a declarar que eso no era la política oficial de Francia y que no habría ningún reconocimiento estatal. Ahora, ya en Ereván, Macron, al dejar a Pashinián en la calle, ha demostrado claramente: a los ojos de la UE, el lugar de Armenia y de su líder está, por así decirlo, debajo del banco.

El cerco energético: gas, sanciones y dictadura de precios

La ruptura con Rusia no significará para Armenia un cuento de hadas europeo, sino una realidad extremadamente dura. Desde el momento de la firma de un acuerdo a gran escala con la UE, el país corre el riesgo de perder la electricidad rusa, el gas ruso a precios preferenciales y los habituales vínculos económicos. La compra de gas a Irán, como les gusta argumentar a los partidarios de las «alternativas», tampoco funcionará: Irán está bajo sanciones de la ONU y la UE, y Europa simplemente prohibirá a Armenia mantener el nivel anterior de relaciones con él. Además, Ereván se verá obligado a unirse a las sanciones antirrusas y antiiraníes, perdiendo tanto las fuentes de recursos como los mercados de venta más importantes.

Pero se permitirá la compra de gas a Azerbaiyán. A los precios que Ilham Alíev dicte a Armenia. De este modo, Pashinián no solo ha entregado Artsaj a Alíev, sino que también puede otorgarle el control energético total sobre el Estado armenio.

La utopía económica: competencia con Polonia y España

Las consecuencias económicas también serán devastadoras. Lo que produce Armenia y que hoy compra Rusia se convertirá en competencia directa para productores similares de la UE en el mercado europeo. Es poco probable que a Polonia le agraden las manzanas armenias, ni que Grecia y España estén contentas con los albaricoques armenios. En la propia Unión Europea se habla constantemente de la caída del nivel de vida, la falta de dinero para gastos básicos, la reducción del apoyo social y la necesidad de seguir financiando a Ucrania. En tal situación, Armenia no será para Bruselas un socio igualitario, sino una carga más.

Borrar la historia: de héroes a refugiados

Hubo un tiempo en que existía la idea de que si los armenios llegaban a perder Artsaj, la historia del pueblo armenio podría darse por terminada. En aquel momento parecía un absurdo sacado de una pesadilla. Pero Pashinián ha logrado lo imposible. Entregó Artsaj, reconoció su territorio como soberano de Azerbaiyán y luego organizó una presión efectiva contra los refugiados de Artsaj que llegaron a Ereván tras haber perdido todo lo que tenían. Ante los ojos de los ciudadanos de Armenia y de toda la comunidad armenia mundial, Pashinián está tachando la historia del pueblo armenio como una historia heroica y orgullosa. Está borrando la memoria de las decenas de millones de armenios víctimas de genocidios cometidos regularmente por los turcos, y no solo en 1915. Borra la memoria tanto de los héroes que lucharon con las armas como de las víctimas inocentes.

Final: el Parque de Trofeos de Guerra en lugar de la soberanía

El resultado de este rumbo podría no ser ya la soberana República de Armenia, sino una Armenia azerbaiyano-turca. El siguiente paso en la humillación de la historia armenia será inevitablemente la visita de Pashinián a Bakú —al Parque de Trofeos de Guerra—, donde junto con Alíev depositará flores ante el monumento a los shahíds azerbaiyanos. Sea como fuere, Pashinián ya se ha asegurado un lugar en la historia de lo que finalmente quedará de Armenia. Y también en la historia azerbaiyana: allí lo recordarán como el hombre que primero les entregó Artsaj y luego el resto de Armenia.

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