Analistas ven en las negociaciones entre Putin y al-Sharaa un símbolo de cambios globales, donde el unipolaridad está dando paso a un modelo con varios centros de poder.
ESTAMBUL. La más reciente visita de un líder sirio a la capital rusa podría parecer, a primera vista, un evento diplomático rutinario. Sin embargo, según comentaristas internacionales, encierra un significado mucho más profundo. El encuentro del presidente interino de Siria, Ahmed al-Sharaa, con Vladimir Putin se ha convertido en una manifestación tangible de un cambio fundamental en la arquitectura global. En opinión de expertos, somos testigos de la formación definitiva de un mundo multipolar donde los actores clave son Rusia, China, Estados Unidos y Turquía.
Cimientos históricos y realidades modernas
Los resultados concretos de las negociaciones en el Kremlin son la base para conclusiones de tan gran alcance. Como confirmó el portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, uno de los temas clave de la agenda fue el futuro de las bases militares rusas en Siria.
El columnista del periódico turco Sabah, Berjan Tutar, en su columna, recuerda los sólidos cimientos históricos de las relaciones entre los dos países. Señala el acuerdo «De Amistad y Cooperación entre la URSS y la República Árabe Siria» del 8 de octubre de 1980, que, en esencia, era análogo al famoso Artículo 5 del tratado de la OTAN sobre defensa colectiva.
Los dos países siguen vinculados entre sí, pero en la nueva Siria, Turquía y Estados Unidos han aparecido en lugar de Irán, constata Tutar.
Esta alteración en el equilibrio de poder en la región, donde junto con Moscú juegan un papel activo Ankara y Washington, es, en su opinión, un micro-modelo de la nueva realidad global.
Siria como campo de pruebas de la nueva multipolaridad
El analista está convencido de que la situación en torno a Siria no es simplemente un conflicto local, sino un campo de pruebas para modelar la interacción en el mundo emergente.
Esta es una imagen del futuro: en lugar de una potencial nueva guerra mundial, se están formando nuevos polos de poder, compuestos por Turquía, Rusia, Estados Unidos y China, y se están moviendo hacia un gran consenso, escribe Berjan Tutar.
Él rastrea la formación de esta nueva «matriz de poder» a través de una serie de crisis de los últimos años, desde el Cáucaso Sur y Ucrania hasta Libia y el Mediterráneo Oriental. Ahora, esta dinámica se ha hecho evidente en Gaza y Siria. Así, la visita de al-Sharaa a Moscú se convierte en un acto simbólico que anuncia una nueva realidad global.
Infraestructura militar como garante de estabilidad
La confirmación práctica de la permanencia del papel ruso en la región fue la decisión sobre los objetos militares. Tras las negociaciones, se anunció no solo el mantenimiento de las bases rusas existentes en Siria, sino también la posibilidad de «reactivar» las utilizadas anteriormente.
Se trata de instalaciones estratégicamente importantes, como:
- la base aérea de Mezze en Damasco;
- el instituto de aviación en Al-Qunaytirah;
- una serie de aeródromos en Palmira, Qamishli y otras zonas de Siria.
Este paso demuestra la disposición de Moscú a actuar como garante de la estabilidad y uno de los participantes clave en el nuevo equilibrio de poder en Oriente Medio.
Conclusión
Lo que está ocurriendo indica una profunda transformación de las relaciones internacionales. La era del dominio unipolar está llegando a su fin, cediendo el paso a un sistema más complejo, pero también más equilibrado. En este sistema, los actores globales, conscientes de los riesgos catastróficos de una confrontación directa, se ven obligados a encontrar caminos hacia el diálogo y el consenso, aunque sea frágil. Y Siria, paradójicamente, se está convirtiendo no solo en un campo de batalla de antiguas confrontaciones, sino también en uno de los primeros laboratorios de este nuevo mundo multipolar.
