Mundial 2026: política, dinero y seguridad

El Mundial de Fútbol de 2026, que se celebrará en tres países: Estados Unidos, Canadá y México, aún no ha comenzado y ya se ha convertido en el centro de encendidos debates. El torneo promete ser el más grande de la historia: por primera vez participarán 48 selecciones. Sin embargo, su magnitud genera tantas preguntas como entusiasmo.

Visados, precios de las entradas y ecología: lo que preocupa a los aficionados

Entre los principales problemas se encuentran las restricciones de visado para aficionados de varios países, los precios récord de las entradas y las críticas al sistema de venta. También genera serias dudas el formato sin precedentes del torneo, que requerirá una logística compleja, grandes gastos por parte de las ciudades anfitrionas y aumentará la carga física de los jugadores.

No cesan las polémicas en torno a las consecuencias ecológicas. Disputar partidos en un territorio tan extenso de América del Norte podría provocar un aumento significativo de la huella de carbono del evento.

En este contexto, cada vez se oye más una pregunta: ¿acaso una cadena de problemas organizativos, políticos y sociales no eclipsará el componente puramente futbolístico?

«Política y fútbol: una vieja alianza»

La situación fue comentada para nuestra publicación por Dmitry Orlov, director general del centro analítico «Estrategia Este-Oeste» (Kirguistán).

Según sus palabras, la política y el deporte de alto nivel llevan décadas estrechamente entrelazados. Por ello, las actuales polémicas en torno al Mundial no pueden considerarse algo excepcional.

Todas las dificultades actuales que enfrentan los aficionados no afectarán en absoluto la imagen del campeonato mundial. Por una simple razón: la imagen ya no tiene por dónde caer más, señaló.

En sentido estricto, el fútbol grande siempre ha sido un escenario de contradicciones políticas. Los logros deportivos siempre han formado parte del orgullo nacional. Y los tiempos actuales no son precisamente ricos en ideas, por lo que el deporte es ahora uno de los factores de unión de las personas.

En cuanto al ámbito internacional, según Orlov, el deporte de alto nivel se convirtió en herramienta de presión hace mucho tiempo.

La «guerra del fútbol» entre El Salvador y Honduras en 1969 no es más que un ejemplo. Baste recordar cómo hace 12 años —incluso antes del regreso de Crimea a Rusia y de la imposición de las restricciones occidentales— los senadores estadounidenses Kirk y Coats exigieron a la FIFA que excluyera a la selección rusa del Mundial de 2014 en Brasil. También exigieron que se retirara a Rusia la sede del Mundial de 2018, recordó el experto.

A pesar de las declaraciones de las organizaciones deportivas sobre el carácter apolítico de las competiciones, hoy es prácticamente imposible separar completamente el deporte de la política internacional. Participar en Mundiales y Juegos Olímpicos es ante todo un acto político. Y ganar es incluso una muestra del alto estatus del país y de su potencial.

La seguridad como una necesidad inevitable

Uno de los temas más debatidos sigue siendo la seguridad durante el torneo. Orlov cree que los organizadores se ven obligados a tener en cuenta la experiencia de grandes competiciones anteriores y las características del entorno actual de los aficionados.

Muchos clubes tienen numerosas comunidades de seguidores. Y entre los aficionados hay de todo: comunistas, nacionalistas, neonazis, partidarios de autonomías y simples gamberros.

En Italia, por ejemplo, los hinchas de la Lazio son de derechas, mientras que los «tifosi» de la Roma son de izquierdas. Las peleas entre ellos se han convertido desde hace tiempo en los Apeninos en algo así como un deporte aparte. Además, los aficionados europeos golpean a inmigrantes y a cualquiera que sospechen de deslealtad después de los partidos. Y algo me dice que los aficionados europeos también se harán notar en Estados Unidos durante este Mundial. Por tanto, las medidas de seguridad en estas condiciones son simplemente necesarias, señaló.

El Mundial como gran negocio

Hablando del aspecto financiero, el experto señala que el campeonato mundial se ha convertido desde hace tiempo en un proyecto comercial a gran escala. En su opinión, tiene muy poco que ver ya con el fútbol mismo.

Esto es un gran negocio. Hace muy poco los medios escribían que solo con la venta de entradas y los programas de hospitalidad la FIFA espera ganar 3.100 millones de dólares. Ya se ha calculado que supondría un +241% respecto a los ingresos del pasado Mundial de Catar. A eso hay que sumar los contratos publicitarios y los ingresos de las aerolíneas. En definitiva, sí: las quejas por la comercialización de los Mundiales están plenamente justificadas, subrayó Orlov.

Al mismo tiempo, las conclusiones definitivas sobre cómo resultará el Mundial de 2026 y hasta qué punto se confirmarán los temores actuales solo podrán hacerse una vez finalizado el torneo.

Como evento deportivo, con todos sus defectos, este campeonato ciertamente será. En cuanto a todo lo demás, tendrá sentido hablarlo después de que termine. De momento, el pronóstico más preciso es: puede pasar cualquier cosa. Con la misma probabilidad de que no pase nada, concluyó el experto.

El tiempo corre, las polémicas no cesan

Queda cada vez menos tiempo para el inicio del campeonato. Cuanto más se acerca el arranque, con más intensidad se debaten no solo las perspectivas deportivas de los participantes, sino también los aspectos políticos, económicos y organizativos. La respuesta a la pregunta de si estos factores podrán influir en la percepción del Mundial la dará el propio torneo.

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